Silbar la noche –oír los colores en los pasos- en la lluvia de esa música algo se acerca mientras se deja ir. Voy sordo tras los motivos del sonido. Entonces el silencio.
En mi cabeza un lavaropas no deja de rodar, un lavarropas que no sirve, que no lava, marca el tempo, salpica ideas: lo sucio del sexo, me recuerda, ¡lo más lindo!:
las cúpulas incansables, inalcanzable culmen sonora centrífuga e inherente, fuga injusta de su inercia: perderse/encontrarse por querer estar donde se quiere estar.
Ensuciarse en el sentido, eso, es lo más dnlio.

6 comentarios:
Me gusta, Gaby. Hay sustancia en ese pasaje, me gusta esa cantidad, no parece faltarle nada. Creo, si me permitís, que un poco más de proporción lo redondearía más: hay un par de puntos seguidos que se podrían poner, un par de ligazones distintas y por ahí fluiría más la cosa. Es una idea; pero como todo lo anterior, me gusta. Un abrazo.
Gracias Martín, lo voy a tener en cuenta. Está bueno que te hayas enganchado un poco con el blog. Un abrazo
Gabriel
paff,cai muerta.
Lola, no te mueras, no antes de habilitar la entrada a tu blog.
saludos
g
Gracias, Gaby. Ahí he estado subiendo cosas nuevas hasta ayer, aunque diciembre decretó la sequía y yo, que soy un hombre viejo que comprende el secreto del tiempo -hay momentos que no se pueden ahorrar; no queda otra que atravesarlos y acomodarse a que pasen, como una tormenta, sabés que va a pasar pero no cuándo vaya a suceder; y entonces, esperás, simplemente, esperás-, le he seguido la corriente.
Abrazo.
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